¿Existió Jesús?: Índice Y Referencias Bibliográficas (Parte 17 de 17)

Aquí está el índice de la serie de artículos sobre la existencia de un Jesús histórico, y para aquellos interesados en las fuentes utilizadas para esta serie de artículos, después está la lista de referencias bibliográficas usadas, muchas con su liga a Amazon por si desean comprar el libro.
Este ensayo fue originalmente escrito por Jim Walker el 12 de Junio de 1997 y se encuentra publicado en su versión original en inglés en No Beliefs. El texto fue usado con permiso, y la traducción es de DiosEsImaginario.com
¿Existió Jesús? – Índice De Capítulos
- Introducción
- Todas Las Aseveraciones Sobre Jesús Se Derivan De Habladurías
- Los Evangelios Bíblicos
- Otros Escritos Del Nuevo Testamento
- Mintiendo Por La Iglesia
- Evangelios Gnósticos
- Fuentes No Cristianas
- Falsificaciones, Fraudes y Ficciones
- Escritos Durante La Vida De Jesús
- Historiadores
- Citando Geografía Y Personajes Históricos Como “Evidencia”
- Comparando A Jesús Con Otras Figuras Históricas
- Si Se Hace Con Jesús, ¿Por Qué No Con Hércules?
- ¿Entonces Por Qué El Mito De Jesús?
- Citas De Algunos Expertos
- Conclusión
- Índice Y Referencias Bibliográficas
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Referencias Bibliográficas
- Briant, Pierre, “Alexander the Great: Man of Action Man of Spirit,” Harry N. Abrams, 1996
- Doherty, Earl, “The Jesus Puzzle,” Canadian Humanist Publications, 1999
- Flavius, Josephus (37 or 38-circa 101 C.E.), Antiquities
- Gauvin, Marshall J., “Did Jesus Christ Really Live?” (from: www.infidels.org/)
- Gould, Stephen Jay “Dinosaur in a Haystack,” (Chapter 2), Harmony Books, New York, 1995
- Graham, Henry Grey, Rev., “Where we got the Bible,” B. Heder Book Company, 1960
- Graves, Kersey “The World’s Sixteen Crucified Saviors,” 1875
- Helms, Randel McCraw , “Who Wrote the Gospels?“, Millennium Press
- Irenaeus of Lyon (140?-202? C.E.), Against the Heresies
- Leedom, Tim C. “The Book Your Church Doesn’t Want You To Read,” Kendall/Hunt Publishing Company, 1993
- Massey, Gerald, “Gerald Massey’s Lectures: The Historical Jesus and Mythical Christ,” 1900
- McKinsey, C. Dennis “The Encyclopedia of Biblical Errancy,” Prometheus Books, 1995
- Metzger, Bruce,”The Text of the New Testament– Its Transmission, Corruption, and Restoration,” Oxford University Press, 1968
- Pagels, Elaine, “The Gnostic Gospels,” Vintage Books, New York, 1979
- Pagels, Elaine, “Adam, Eve, and the Serpent,” Vintage Books, New York, 1888
- Pagels, Elaine, “The Origin of Satan,” Random House, New York, 1995
- Price, Robert M.,” Deconstructing Jesus,” Prometheus Books, 2000
- Pritchard, John Paul, “A Literary Approach to the New Testament,” Norman, University of Oklahoma Press, 1972
- Remsberg, John E., “The Christ,” Prometheus Books
- Robertson, J.M. “Pagan Christs,” Barnes & Noble Books, 1966
- Romer, John, “Testament : The Bible and History,” Henry Holt and Company, New York, 1988
- Schonfield, Hugh Joseph, “A History of Biblical Literature,” New American Library, 1962
- Spong, Bishop Shelby, “Rescuing the Bible from Fundamentalism,” HarperSanFrancisco, 1991
- Tacitus (55?-117? C.E.), Annals
- Wilson, Dorothy Frances, “The Gospel Sources, some results of modern scholarship,” London, Student Christian Movement press, 1938
- The Revell Bible Dictionary,” Wynwood Press, New York, 1990
- King James Bible, 1611
- U.S. News & World Report, Dic. 10, 1990
- Varias ediciones de la revista Bible Review, publicada por Biblical Archaeology Society, Washington D.C.

Excelente trabajo en la traducción. El esfuerzo valdrá la pena, yo lo sé. Sé que habrá gente que usará el cerebro que la naturaleza les ha dado para reflexionar y liberarse de esas ilusiones fantasiosas sin sentido.
Bueno y como siempre el ataque de los radicales siempre estará presente, claro sin argumentos racionales desde luego, fáciles de rebatir con un poco lógica :)
Evidencias Históricas de la Existencia de Jesús
(Recopilación hecha por J. P. Holding)
En los foros ateos, incluso en los escépticos, hay una afirmación que se suele repetir de vez en cuando, “… la evidencia de la existencia histórica de Jesús es escasa”.
La primera vez que lo oí me sorprendió, sobre todo cuando venía de gente que no pertenecían a los grupos ateos más fanatizados, sino de foros y grupos escépticos que supuestamente defienden el “pensamiento crítico” y una acercamiento objetivo- racional a todas las cuestiones.
Me dedique a investigar y lo que sospechaba era cierto ¿Pensamiento crítico? Ninguno en este tema. La afirmación es una simple creencia que forma parte de los mitos de esos ambientes y que no resiste el más mínimo análisis. Lo intentaré aclarar para aquellos que realmente pretendan un acercamiento objetivo al tema.
Lo más curioso es que no he encontrado nadie que defienda realmente que Jesús no existió. Me he encontrado con gente que difunde traducciones del Cristo mitológico, pero al preguntarles sobre el tema responden que sí creen que Jesús, existió. Simplemente difunden las ideas acerca del Cristo mitológico para dar “otras opiniones sobre el tema”. Por supuesto, añaden la coletilla de que la evidencia de que Jesús existió es “escasa” y bla, bla, bla…
En realidad pronto te das cuenta de que muchos de los propagandistas pertenecen a grupos ateos, anticristianos o son afines a éstos. Resulta evidente que suelen ser simples maniobras de propaganda con gran carga emocional y usadas para atacar o generar confusión basándose en trivialidades, adaptando la mayoría de las estrategias anti teístas ya citadas en otra parte de la web, pero adaptadas al tema en cuestión. Muchas veces detrás de estas ideas sólo se esconde la intención de ofender a los cristianos.
En fin, que muchas veces, viendo lo que se cuece en ambientes escépticos (por no centrarnos en los fundamentalistas ateos) es mejor adoptar una actitud escéptica respecto a los “escépticos” y respecto a los que presumen de ser “racionalistas” y “pensadores críticos”. Al final muchos de ellos esconden sistemas de creencias rígidos poco compatibles con un verdadero y sano escepticismo.
Centrándonos en el tema de la existencia histórica de Jesús. En una primera aproximación resulta curioso que durante casi un siglo los 4 evangelistas (y las comunidades que representan) más la actividad de San Pablo y sus seguidores, reflejen esfuerzos exagerados para presentar como un triunfador a un judío crucificado. Por otra parte un crucificado al que todos tienen la manía de situarlo en un momento histórico muy preciso. Curiosa la forma que tienen de ponerse las cosas difíciles unos seguidores de Jesús, que según dicen algunos, se inventaron un Cristo mitológico… o que fue apareciendo de forma progresiva en diversas comunidades. Demasiadas referencias espacio- temporales concretas para pensar en un fantasmagórico origen mitológico y encima con el agravante de que se refieren a un judío crucificado, con la carga emocional negativa que supone, sobre todo en esa época. Demasiadas incompatibilidades con una total invención mitológica.
En fin, parece que para algunos el que existió un predicador carismático judío en la Palestina del siglo I es un hecho extraordinario que exige pruebas extraordinarias… o que la explicación más simple en base a los hechos, es descartable a favor de extravagantes elucubraciones como la del Cristo mitológico (que en el fondo no creen) y que además no consigue explicar las evidencia ¿Dónde está la tan nombrada navaja de Occam? ¿O en este caso no gusta la navaja?…
Que Jesús de Nazaret existió realmente es un hecho histórico irrefutable. Las evidencias históricas de la existencia de Jesús son abrumadoras Sólo se puede atacar usando criterios totalmente distintos a los que se usan en la historiografía. Es decir, criterios que si se aplicaran a otros contextos de la historia antigua la reducirías a nada…
Resumiré algunas de las evidencias más habituales acerca de la existencia histórica de Jesús. Y recordemos que en todo momento hacemos un análisis que se mantiene al margen de la cuestión de la creencia o no en Jesús. Aquí sólo nos interesa el origen del cristianismo en la figura histórica de Jesús:
1) Cristianos: Son los más importantes.
a) Escritos canónicos: La más importante de todas es el Nuevo Testamento, desde los Evangelios a las Epístolas. Nos da datos históricos concretos muy poco compatibles con lo difuso que caracteriza a los inventos mitológicos y con documentación original que a veces se remonta casi al momento en que fueron escritos. Hecho insólito en cualquier otro texto de la historia antigua.
Ejemplos de referencias históricas concretas y que muchas veces son contrastables y confirmadas con datos históricos seculares.
Evangelios : Se relaciona el inicio de la predicación de Jesús con Juan el Bautista del que se tienen referencias ajenas al cristianismo de Flavio Josefo. Lucas precisa el momento en que Jesús inicia su predicación “El año quintodécimo del imperio de Tiberio Cesar, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, Tetrarca de Galilea Herodes, y Filipo su hermano, Tetrarca de Iturea y de la Traconitide, y Lisania Tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías …” (Lc 3, 1-2). Todos estos personajes, desde el emperador romano a los reyes de Israel, son conocidos históricamente por documentos seculares.
La muerte de Jesús crucificado es el dato del que se tiene certeza y que coincide en todas las fuentes. Por los datos que se dan todo hace pensar que la fecha más probable de la muerte de Jesús es el 7 de abril del año 30 ó el 3 de abril del año 33.
En fin, que los cuatro Evangelios son biografías parciales de la vida de Jesús y no pretenden ser documentos históricos precisos, sino enseñar la fe en la figura y en la doctrina de Jesús. Ahora bien, a pesar de eso, la persona y figura de Jesús aparece claramente descrita y situada en un contexto histórico muy concreto y no es una entidad fantasmagórica perdida en la Historia Universal.
Más aún, en el fondo de las narraciones evangélicas, la situación sociopolítica y religiosa que se refleja es la de los tiempos inmediatos a la rebelión contra los romanos en el año 67 d.C y es coincide totalmente con los datos que narra Flavio Josefo y Filón. La coincidencia de los datos evangélicos y no cristianos es evidente.
El empleo de frases y giros Evangélicos que se usaban en tiempo de Jesús y que desaparecen después. Ejemplos: usar términos como Hijo de David, Hijo del hombre, Reino de los Cielos en vez de Reino de Dios, las parábolas, las formulaciones como la del Padre nuestro, etc. indican su origen arameo. Podemos añadir que en el mundo romano la idea de sabio es la del “estoico”, impasible ante la muerte y el dolor… imagen que no es precisamente la descripción que hacen los Evangelios de Jesús en el huerto de los Olivos o en el grito de desesperación que se narra en el momento de su muerte u otros momentos de debilidad.
Epístolas de San Pablo: Las Epístolas de Pablo son simples cartas en las que no pretende hacer historia, sino sólo profundizar y aclarar cuestiones doctrinales. En ellas se da por evidente la existencia histórica a Jesús y su fe se basa en esa existencia histórica.
NO conoció personalmente a Jesús y no puede dar las referencias que podrían dar los apóstoles o los de gente que le conocieron directamente, pero da referencias concretas de la vida concreta de Jesús y da por supuesto que conocen los destinatarios de sus cartas. Insiste en la humanidad de Jesús, que nace, vive y muere en un momento determinado de la historia. Las cartas son demasiado cercanas al momento de los hechos y es evidente para todos que Jesús existió. Eso no es algo que tenga que probarse o argumentar porque es evidente para gente que vivía a escasos 20 años de la crucifixión de Jesús:
“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, bajo la ley” (Gal 4,4).
“Nacido de la raza de David, según la carne” (Rom 1, 1-4).
Santiago, Obispo de Jerusalén, es el “hermano del Señor” (Gal, 19).
“Cristo crucificado, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles” (1 Cor 1, 23).
Jesús “hizo la buena confesión en presencia de Poncio Pilato” (1 Tim 6, 13).
Pablo da otros muchos datos concretos de Jesús. Por ejemplo, que murió por Pascua, en tiempos de los ázimos y que lo suspendieron con clavos en la Cruz, en las cercanías de Jerusalén, etc.
La fe de San Pablo no ha creado la figura de un Cristo mitológico que no existió. Da demasiadas referencias históricas concretas en un momento muy cercano a los hechos. El Jesús histórico es el que dio origen a la fe paulina.
b) Escritos extracanónicos: Los escritos de los Padres Apostólicos (que estuvieron en contacto con los apóstoles), Padres Apologetas (que defendieron la enseñanza cristiana en el siglo II), Padres de la Iglesia y autores eclesiásticos. En todos estos escritos se manifiesta claramente las referencias a Jesús como persona que existió históricamente en un momento muy concreto
c) Libros apócrifos: Hablan de Jesús diversos evangelios apócrifos (más de cincuenta), hechos apócrifos de los apóstoles (Hechos de Juan, de Pedro, de Tomás, de Andrés, de Pablo y Tecla, de Andrés y Matías, etc.) e instrucciones apostólicas.
¿Cómo explicas esta descomunal cantidad de escritos referidos a Jesús como personaje histórico, y con referencias muchas veces muy concretas, si éste no existió?…Es este caso sería recomendable que algunos se acordaran de la navaja de Occam que usan tanto en otras cuestiones, pero que olvidan cuando les interesa…
2) Judíos: Algunos también nombran a Jesús. Una cosa es que oficialmente los judíos no aceptaran el mensaje de Jesús de Nazaret, su predicación de ser el Mesías, Hijo de Dios hecho Hombre, y otra muy distinta es que negaran su existencia histórica. Podemos distinguir:
a) La literatura rabínica: El Talmud el libro hebreo que pertenece a la legítima tradición judía y que comprende dos obras:
Mishná o ley oral: su elaboración se termina antes del año 230 y consiste en los comentarios orales sobre la ley realizados por los grandes rabinos de los siglos I-III (especialmente Hillel, Sammai, y R. Aquiba)
Guemsara: que son comentarios e interpretaciones del anterior y que inspiró a los maestros y discípulos de las Academias de Palestina (Talmud jerosolimitano o mejor palestinense) y de Babilonia (Talmud babilónico), desde el 230 hasta el año 500.
En ambas, continuamente se cita y habla mal de Jesús, por lo que no se duda nunca de su existencia histórica.
En el Talmud babilónico pone: “El día señalado para la ejecución, antes de la fiesta de la Pascua, se suspendió en un patíbulo a Jesús de Nazaret por haber seducido y engañado a Israel con sus encantamientos”.
En el Diálogo de San Justino a mediados del siglo II el judío Trifón dice: “Jesús, el galileo, suscitó una secta impía y enemiga de la ley. Nosotros lo crucificamos. Sus discípulos robaron su cadáver del sepulcro durante la noche. Y engañan y seducen a los hombres diciendo que resucitó y subió a los cielos”. Coincide con la opinión de los judíos que se refleja en sus mismas fuentes históricas.
Los judíos de los que dependen estos testimonios no pusieron nunca en duda el hecho de la existencia histórica de Jesús, aunque a su evangelio le llamaban “Avengillajón” (evangelio malo). Es decir, ese poner en duda su existencia no formó parte de la tradición que se remonta hasta el momento concreto de la vida de Jesús. Y es curioso que un argumento que hubiera sido tan fácil de usar para ellos, no se les ocurriera usarlo en ningún momento.
b) Obras históricas judías:
Flavio Josefo (37-102): General de las tropas galileas en la guerra del 67 y luego (como prisionero) acompañante e historiador de Tito. Tiene dos libros principales:
“De Bello Iudaico” en cuyo texto griego no hay nada sobre Jesús, pero que en una versión eslava (descubierta en 1906 por el profesor protestante A. Berendts de la Universidad de Dorpat) se leen ocho fragmentos referidos a él.
“Antiquitates iudaeorum” (Antigüedades judías), hay tres importantes textos referidos al evangelio y en dos se cita a Jesús:
En 18,5,2: Relata la muerte de san Juan Bautista. El mismo que se cita en los Evangelios al inicio de la vida pública de Jesús y añadiéndole historicidad a los Evangelios.
En 20,9,1 v.4.6: En esta cita se refiere a la muerte, en el año 62, de Santiago el Menor que era “hermano de Jesús, llamado Cristo”, por instigación del Sumo Sacerdote Anano, hijo del Anás de los relatos evangélicos: “…entretanto subió al pontificado, según dijimos Anás, el más joven, de índole feroz y extremadamente audaz… Dado este su carácter, pensando que había llegado el momento oportuno… convocó el consejo de jueces y, haciendo presentar a juicio a un pariente del que llamaban Cristo (por nombre Santiago) y algunos otros con él, habiéndolos acusado de reos violadores de la ley, los condenó a ser apedreados”
En 18,3,3: Alude a Jesús después de mencionar la brutal represión de Pilato contra los judíos, con motivo de la nueva traída de aguas a Jerusalén que pagó con el dinero del Templo y dice así: “Por aquella época apareció Jesús,” hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre, fue autor de obras maravillosas, maestro para quienes reciben con gusto la verdad.” Atrajo a sí muchos judíos y también muchos gentiles.” Este era el Cristo (el Mesías)”. Habiendo sido denunciado por los primados del pueblo, Pilato lo condenó al suplicio de la cruz; pero los que antes le habían amado le permanecieron fieles en el amor. “Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de Él ésta y otras mil cosas maravillosas”. De él tomaron su nombre los cristianos, cuya tribu perdura hasta el día de hoy”.
Este texto es muy probable que esté interpolado por algún copista cristiano en las partes indicadas en verde, pero en el resto del texto el estilo concuerda con el de Josefo, y es propio de F. Josefo hablar de todos los varones eximios y pretendidos Mesías de su tiempo. Esta cita suele ser aceptada por los expertos.
3) Paganos:
Estos testimonios son escasos, pues a los romanos no les interesaban las discusiones doctrinales de los judíos y ven inicialmente a los cristianos como una simple secta judía, que por su escasa importancia casi no mereció su atención. Es en el siglo II cuando aparecen testimonios escritos, algunos referidos a sucesos del siglo I. Hablan directamente de Jesús:
a) Plinio el Joven en carta a Trajano (62-113), año 112, da por sentado el origen histórico del cristianismo.
b) Cornelio Tácito (54-119) escribe por el 116 en sus Anales el incendio de Roma y al hablar de los cristianos dice “Su fundador, llamado Cristo, fue condenado a muerte por el procurador Poncio Pilato, imperando Tiberio” (Anales 15, 44).
c) Suetonio, refiere en su Vida de los Césares, el decreto de Claudio que “expulsó de Roma a los judíos, los cuales al impulso de Cristo (o Cresto) han sido una causa permanente de disturbios”. El matrimonio cristiano, Aquila y Priscila, que San Pablo encuentra en Corinto, habían sido expulsados de Roma bajo Claudio el año 52 (hechos, 18,3).
Añadir que en el siglo II nadie discute la existencia histórica de Jesús.
Muy difícil explicar todo este cúmulo abrumador de evidencias históricas con un Cristo mitológico. El afirmar el Cristo mitológico es la afirmación extraordinaria desde el punto de vista de los historiadores seculares y es a la que deberíamos pedir pruebas extraordinarias…
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@berny
Deberías leer “Vacas, cerdos, guerras y brujas” de Marvin Harris. Un atropólogo que trata sobre bastantes cosas sobre las creencias de distintas culturas y sus razones. En su libro tiene un capítulo de dicado a Jesús que te explicará esas coincidencias que tú encuentras tan curiosas.
@Leto atreides
Vaya algo valioso! Lo buscaré y lo compraré, se ve que vale la pena.
Unos de los argumentos más peregrinos que hallamos entre los cristianos para demostrar la existencia histórica del ficticio Jesús de Nazaret consiste en decir que los evangelios no se habrían escrito si no hubiera existido. Pero resulta que es justamente lo contrario: los evangelios nunca se habrían escrito y el cristianismo nunca habría existido si Jesús hubiera existido realmente. Basta leer los evangelios para constatarlo.
Si Jesús hubiera sido un hombre de verdad, es decir, un hombre nacido del coito verdadero de un hombre y una mujer de verdad, ¿por qué ellos iban a inventarse la fábula de su nacimiento virginal, y por qué la Iglesia repitió estúpidamente durante siglos la letanía de que Jesús nació “sin semen viril”? ¿Y por qué ellos iban a escribir que Jesús caminaba levitando sobre las aguas si ningún hombre puede hacer lo mismo? ¿O por qué escribieron la historieta (!6 veces!) de que Jesús alimentó a cinco mil hombres (sin contar a la mujeres y niños) con “cinco panes y dos peces”, si ningún hombre de verdad podría erradicar el hambre de esta manera? ¿O por qué escribieron que Jesús resucitó a un muerto que ya iba en el féretro (Lucas 7.14) o a Lázaro, si absolutamente ningún hombre puede devolver la vida a un muerto que “ya hiede” (Juan 11.39)? Y sobre todo y fundamentalmente ¿por qué ellos escribieron que Jesús resucitó si es evidente que los hombres no resucitan, y la ficticia resurreción de Jesús era una condición sine qua non de la fe cristiana?(1 Co 15.12-17)
Se preguntará entonces por qué los cristianos escribieron los evangelios si son ficciones. Muy sencillo: porque ellos creían firmemente en las ficciones, y no solo en la ficción de Dios, sino también en la del Diablo, que no era menos fiticio ni más real que Cristo, y con el cual mantuvo una entrevista “histórica” después de darse un chapuzón no menos “histórico” en el Jordán.
“Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta” (Números 23.19), es decir, si Dios hubiera sido alguna vez “Hijo de hombre” estaría mintiendo, y “Dios no miente” (Tito 1.2, Hebreos 6.18), “antes bien sea Dios verdadero y TODO HOMBRE mentiroso (Romanos, 3.4). Luego si Jesús era la Verdad (Juan 14.6), en consecuencia, no fue un hombre en absoluto, sino una ficción.
“Vanidad son los hijos de Adán, mentira los hijos del hombre (Salmo 62.9). Por tanto, si Jesús hubiera sido un hombre verdadero, el cristianismo estaría fundado sobre una mentira, y si fue el verdadero Hijo de Dios, ficción que declaran unánimente todos los libros del Nuevo Testamento, este hombre fue tan ficticio y tan verdadero como Dios.
Todas y cada una de las páginas los libros del Nuevo Testamento están gritando a coro que Jesucristo era ficticio.
Veamos un nuevo ejemplo, el principio de la Primera epístola de Pedro, en la traducción de Reina-Valera:
Pedro, apóstol de Jesucristo, a los extranjeros esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia y en Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu para obedecer y SER ROCIADOS CON LA SANGRE DE JESUCRISTO.
Salta a la vista que el anónimo autor de esta epístola no estaba hablando de ninguna sangre real, porque entonces tendríamos que aceptar que el ficticio Pedro había guardado una cuantos barriles de la sangre divina de Cristo para rociar con ella a todos los “elegidos” del Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, es decir, de toda la actual Turquía. Luego si esta sangre de Jesucristo no era ni podía ser de ningún modo una sangre real como la de los análisis médicos, en consecuencia Jesucristo tampoco era ni podía ser un hombre real como los que derraman sangre cuando son heridos, a no ser que una vez resucitado su cuerpo incorruptible todavía estuviera manando sangre en algún lugar del ficticio reino de Dios, cosa también del todo imposible porque “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1 Corintios 15.50).
No existe ni la más remota posibilidad de que Cristo hubiera sido un hombre real que fue deificado más tarde, porque los judíos tenían prohibida cualquier deificación, ni animal ni humana (Éxodo 20.4, Levítico 26.1, Deuteronomio 4 15-18). Absolutamente a ningún judío de hace dos mil años se le habría pasado por la cabeza, por muy majareta que estuviera, la idea blasfema de decir que era el Hijo de Dios (Mateo 27.43, Juan 10.36) y es imposible que hubiera existido algún judío que pensara o dijera tal estupidez de sí mismo. Filón de Alejandría lo demuestra cuando nos dice que los judíos fueron los únicos de todos los hombres que se resistieron y no acataron la deificación (τήν ἐκθέωσιν) del emperador Calígula (Legatio, 332). Por la misma razón tampoco existió ni pudo existir nunca ningún Pedro ni ningún judío, fuera pescador o estuviera debajo de una higuera, que le dijera a este hombre ficticio nacido virginalmente de la nada que era el Hijo de Dios (Mateo 14.33, 16.16, Juan 1.34, 49, 6.69).