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Medicinas Alternativas: La Coartada De Las Enfermedades Crónicas (Parte 10 de 12)

Medicinas Alternativas: Todo Lo Que Usted Debe Saber Pero No Se Atreve A Preguntar

Por Javier Garrido

LA COARTADA DE LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS

No lo digo yo, lo dicen ellos: las terapias alternativas curan cualquier cosa, y con un altísimo índice de efectividad. Y no podía ser de otra forma, pues tratan la enfermedad causalmente. La medicina científica no puede pretender nada ni remotamente parecido. Pero ¡ay!, de pronto aparece un aguafiestas y nos recuerda que en el mundo real (no en los planos superiores de la consciencia) las medicinas alternativas todavía no han demostrado convincentemente curar nada.

¿Qué hacer en tal caso? Aquí los más prudentes de los alternativistas (presuntamente los mismos que inventaron lo de la Medicina Complementaria) han optado por la sagaz estrategia de refugiarse en un grupo de enfermedades para las que tampoco la Medicina Científica tiene respuestas satisfactorias: las enfermedades crónicas. En este grupo entran la mayor parte de los cuadros reumatológicos, las alergias y las enfermedades degenerativas. Todos estos han constituido un auténtico filón áureo para las pseudomedicinas más variopintas, ya que su manejo presenta indiscutibles ventajas si uno se empeña en emplear una terapia inútil: la medicina convencional ofrece relativamente poco, estas enfermedades tienen tendencia a presentar remisiones periódicas (cualquier remisión por breve que sea se le atribuirá al influjo de las energías maravillosas), un adecuado manejo psicoterapéutico puede hacer que el paciente se sienta realmente mejor, sobre todo si se realiza a través de la evocación cuasimágica de fuerzas telúricas y trascendentes. Y ya que se trata en muchas ocasiones de hacer una “terapia complementaria”, nunca quedará claro si cualquier mejoría se le debe atribuir a la medicina “convencional” o a la manipulación de energías ignotas.

Incluso la Organización Mundial de la Salud ha incurrido en el gesto demagógico de avalar esta clase de prácticas. Existen otras variantes de este procedimiento: tomemos por ejemplo, a la acupuntura. Colocando las agujas en los puntos energéticos de los meridianos adecuados deberían curarse innumerables enfermedades; al menos, eso es lo que dice la teoría. ¿O no? Pero de golpe alguien descubre que su principal utilidad está en el manejo del dolor, y en esa dirección se precipitan de inmediato los menos obtusos de los devotos. Y empiezan a aparecer de inmediato películas mostrando milagros tales como intervenciones mayores realizadas supuestamente sin anestesia; los cínicos que nunca faltan aducirán sin duda que no son otra cosa que fraudes manifiestos.

Por otra parte siempre habrá quien nos recuerde (quizás el mismo aguafiestas de antes) que la percepción del dolor tiene un fuerte componente subjetivo, y que la sola confianza del paciente en el procedimiento puede lograr que este tolere mejor el dolor, sobre todo cuando estamos hablando de enfermedades crónicas como la artritis. Pero aquí interesa resaltar un aspecto en especial: en todos estos casos el remedio panaceico se nos ha transformado en un modesto coadyuvante. En pocas palabras, se va de la pretensión de curar a la simple analgesia, a un limitado paliativo.

¿Dónde quedan entonces el manejo “causal” de la enfermedad, la integridad holística, la corrección de la energía alterada, los efectos quánticos y demás palabrería hueca? El tratamiento paliativo de la enfermedad, por ejemplo, mitigar los dolores de un artrítico crónico, puede ser algo realmente loable, pero está en las antípodas de la oferta inicial de curar causalmente. ¿No habíamos dicho que se trata al enfermo y no a la enfermedad? Por lo visto más bien tratan a algunos enfermos y a ninguna enfermedad. ¿O es que nos estuvieron mintiendo desde el principio?

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