Lo Especial De La Especie Humana
Nota: no pude encontrar con subtítulos en español, espero no sea mucho problema. Una disculpa.
Biología y Genética, Ciencia, Escepticismo, Filosofía, Lógica, Videos
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Un equipo interdisciplinario de investigadores en IBM han presentado una publicación en la conferencia de super-computación SC09 en la que describen un hito en computación cognitiva: el simulador córtico masivamente paralelo del grupo, C2, ahora tiene la habilidad de simular un cerebro con alrededor de 4.5 porciento de la capacidad de corteza cerebral de un cerebro humano, y significativamente más capacidad cerebral que un gato.
Y no, este no es otro ejemplo del estilo Kurzweil estimando cuántos “terabytes” de almacenamiento tiene el cerebro humano. Más bien, los autores cuantifican la capacidad cerebral en términos de números de neuronas y sinápsis. El simulador, que corre en la super-computadora Dawn Blue Gene con 147,456 CPUs y 144TB de memoria principal, simula la actividad de 1.617 mil millones de neuronas conectadas en una red de 8.97 billones de sinapsis. El modelo aún no corre en tiempo real, pero sí simula un número de aspectos de interacciones neuronales del mundo real, y las neuronas están organizadas con el mismo tipo de agrupaciones y especializaciones que una corteza mamífera. En otras palabras, es un cerebro mamífero virtual (o al menos parte de uno) dentro de una computadora, y la simulación es tan buena que el equipo está comenzando a encontrarse con algunas cuestiones filosóficas que se hicieron acerca de este tipo de modelos por científicos cognitivos en el transcurso de las últimas décadas.

La Argumentación Filosófica En Favor Del Ateísmo
Por Michael Neumann
El ateísmo proclama que dios no existe. No dice nada sobre la utilidad de la religión o incluso de la utilidad de creer que dios existe. Usted puede ser un(a) ateo(a) y creer que la religión debería ser valorada por sus beneficios sociales. Puede sentirse de igual manera acerca de la mera creencia en la existencia de dios. Existen ateos así. Puede creer en dios y odiar apasionadamente la religión. Algunos creyentes lo hacen. Y, se da por sabido, los creyentes más inteligentes son más inteligentes que los ateos más bobos. Irrelevancias al margen, ¿hay razones para el ateísmo?
El ateísmo surge de un razonamiento en dos etapas. La primera establece que creer en dios está injustificado. La segunda establece que la negación de dios está justificada: aunque la primera etapa no prueba que dios no exista, resulta suficiente para justificar la afirmación de que no existe.
Creer en dios está injustificado porque no hay razón para creer en dios. Hay presuntas pruebas de la existencia de dios: las pruebas ontológica y cosmológica. La ontológica es demasiado abstrusa para que merezca aquí una discusión; tiene poco predicamento entre los creyentes. La prueba cosmológica dice que debe haber una primera causa, a saber, dios. Pero no hay razón alguna de por qué una primera causa debería ser algo parecido a dios, ni por qué debe ser asumida.
Ser una causa es explicar un evento, y explicar un evento es dar cuenta de cómo se produjo. Pero postular cualquier guisa de primera causa no explica nada; simplemente coloca una entidad para la que no hay explicación al comienzo de la cadena causal. Así que la prueba cosmológica no tiene fuerza.
Casi con orgullo, hay una tendencia exitosa que se ha esparcido por partes de la cultura Americana (y occidental en general) que menosprecia los avances intelectuales y favorece la ignorancia y el ser superficial. Evidente en las redes sociales (como Facebook/Myspace), muchos programas televisivos y en la política, las personas están ahora eligiendo ser ignorantes.
Mientras que el intelectualismo y el pensamiento crítico requieren de trabajo, muchas personas parecen estar contentas con que les digan qué pensar, aceptando dictaduras autoritarias, y la mayoría no se preocupan por aprender cómo pensar.
Puede ser esto un resultado de limitaciones de tiempo en las sociedades modernas donde el desarrollo intelectual se marginaliza para poder tener tiempo para banalidades del día a día que son más fáciles de realizar, o puede ser una cuestión de un autoestima auto destructivo en donde las personas no se sienten con el poder de evaluar aseveraciones y creencias y prefieren, sin hacer nada, creer las aseveraciones de la autoridad sin cuestionarlas.
Sea de líderes religiosos, políticos, maestros, padres, científicos, medios o personalidades de la TV o muchas otras voces de autoridad que existen, la evaluación de aseveraciones se reduce a un factor de carisma de la autoridad quien las emite y la compatibilidad con las suposiciones previamente establecidas.

La carta está titulada: Buenas Y Malas Razones Para Creer.
Querida Juliet:
Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?
La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces, “evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.
Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además puede ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.
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