Lo más revelador de todo, no viene de lo que las personas escribieron más tarde sobre Jesús sino lo que la gente no escribió sobre él. Considere que ni un solo historiador, filósofo, escribiente o seguidor que vivió antes o durante la supuesta vida de Jesús jamás lo menciona!
Si en efecto, los Evangelios muestran una mirada histórica a la vida de Jesús, entonces si algo queda claro de manera prominente dentro de esas historias es que las personas aseguraban que Jesús era conocido ampliamente, no solo por una gran multitud de seguidores, sino también por grandes sacerdotes, el gobernador romano Pilato, y Herodes quien dice haber oído de “la fama de Jesús” (Mateo 14:1). Sólo hay que leer Mateo 4:25 donde se afirma que “Lo siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán”.
Los evangelios mencionan, incontables veces, la gran multitud que seguía a Jesús y los montones de gente que se congregaban a escucharlo. Tanta era la gente que se congregaba a escucharlo que Lucas 12:1 dice que “millares de personas se habían juntado, hasta el punto que unos a otros se atropellaban”. Lucas 5:15 dice que “su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírlo”. La persecución de Jesús en Jerusalén llamó tanto la atención que todos los sacerdotes y escribas, incluyendo el sumo sacerdote Caifás, no solo lo conocían sino que ayudaron en su supuesta crucificción (ver Mateo 21:15-23, 26:3, Lucas 19:47, 23:13). La multitud de personas veía a Jesús no solo como un maestro y un curador milagroso, sino como un profeta (Mateo 14:5).
Entonces tenemos los evangelios que describen a Jesús como famoso ampliamente, un profeta y sanador, con grandes multitudes de personas que lo conocían, incluyendo a los más grandes sumos sacerdotes Judíos y a las autoridades Romanas de esa área, ¿y ni una sola persona registra su existencia durante su vida? Si los pobres, los ricos, los políticos, los sumos sacerdotes, y los escribas sabían sobre Jesús, ¿quién no sabría de él?
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