La Academia de Ciencias Unarius, fundada en 1954 por los visionarios cósmicos Ernest L. y Ruth E. Norman [que ganan el premio por mejor título profesional en el mundo], es una fundación educativa sin fines de lucro. Como una escuela espiritual, la Academia imparte un plan integral de estudios del autoperfeccionamiento basado en un entendimiento interdimensional de la energía—la unión de la ciencia y el espíritu.
Unarius es un acrónimo para su significado en ingles: Entendimiento Interdimensional Articulado Universal de la Ciencia.
Un perro orinó la pared de una agencia de quinielas y se materializó la imagen de Jesús.
La pareidolia (derivada etimológicamente del griego eidolon: ‘figura’ o ‘imagen’ y el prefijo par: ‘junto a’ o ‘adjunta’) es un fenómeno psicológico consistente en que un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible.
Según los Mayas había dos personas, Tepeu y Gucumatz. Se sentaban a pensar sobre cosas y luego esas cosas existían. Se imaginaban montañas, la tierra, los océanos, el cielo y los animales y una vez que los imaginaban, aparecían. Usaron barro para crear personas las cuales se deshacían cuando se mojaban, así que hicieron personas de madera. Estas personas causaban problemas entonces el Dios creó una inundación y los destruyó a todos. Les permitieron volver a empezar. Así es como la Tierra llegó a ser como es hoy.
Los Escandinavos
Según los Escandinavos, había un vacío que necesitaba ser llenado. Había dos dioses, Muspell y Niflhiem. Muspell era el lider de un mundo de fuego y Niflhiem era el líder de un mundo de hielo. Ellos jugaban en este espacio vacío. Dentre del espacio el aire se comenzó a calentar y cuando el hielo se empezó a derretir, Ymir fue creado. Él era un dios malévolo. Mientras Ymir dormía, sudó y dio vida a dos gigantes de hielo machos y a una hembra igual. Se derritió más hielo con el tiempo y se creó una vaca. La vaca daba mucha leche para limentar a Ymir. La vaca se alimentaba a sí misma lamiendo los bloques de hielo. Después de varios días de lamer el hielo, descubrió en el a un hombre que tenía un hijo. El hijo se casó con una de las hijas del gigante de hielo y tuvieron tres hijos que mataron a Ymir. La sangre que fluyó de Ymir ahogó a todos los gigantes de hielo excepto a Berglimir y a su esposa. Tomaron la carne y huesos de Ymir y crearon con ello la Tierra. Mientras caminaba por la faz de la Tierra, Odin, uno de los hijos del giganet de hielo, vio dos troncos y les dio vida, mientras que otro de los hermanos les dio cerebros y sentimientos y el otro les dio la vista y el oído. De este hombre y esta mujer se creó toda la vida que hoy existe.
Imagina una vez en tu vida cuando sentiste que habías perdido el control – cualquier cosa desde perderse en la ciudad hasta perder el trabajo. Ahora observa la ilustración que está del lado derecho. ¿Qué ves? Dicho escenario fue presentado a participantes en un experimento en el 2008 realizado por Jennifer Whitson de la Universidad de Texas en Austin y su colega Adam Galinsky de la Universidad Noroeste. Su estudio, titulado “No Tener Control Incrementa La Percepción De Ilusiones De Patrones”, fue publicado en Science.
Definir “percepción de ilusiones de patrones” (lo que yo llamo “patronicidad”) como “la identificación de relaciones coherentes y significativas en un grupo de estímulos aleatorios no-relacionados … (como la tendencia a percibir correlaciones falsas, ver figuras imaginarias, formar rituales supersticiosos, y adoptar creencias de conspiraciones, entre otros),” la tesis de los investigadores fue que “cuando los individuos no pueden obtener un sentimiento de control objetivamente, tratarán de obtenerlo perceptivamente”. Al explicarme Whitson la psicología de esto, “Los sentimientos de control son esenciales para nuestro bienestar – pensamos más claramente y tomamos mejores decisiones cuando sentimos que tenemos el control de las cosas. Perder el control es altamente desagradable, así que instintivamente buscamos patrones para retomar el control – incluso si esos patrones son ilusiones”.
En cuanto a recámaras medievales, esta es de lo más cercano. La perturbante tapicería de flamencos comparte la pared con retratos severos. Bajo inspección, los perros de fuego ornamentales de la chimenea resultan tener cabezas de diablos. Este lugar está supuestamente embrujado por el fantasma de Tom Skelton, un bufón del siglo 16 que se dice cometió asesinatos. La cara malévola de “Tom Fool” te mira desde una pintura ligeramente alumbrada justo afuera de la recámara.
Mi tarea es quedarme la noche en el Cuarto de Tapicería en el Castillo de Muncaster en Cumbria, Reino Unido. Habiéndole asegurado a mi editor previamente que me dan risa los cuentos de fantasmas, mi valentía se desmorona. Sigo sin creer en fantasmas, pero me da miedo que la atmósfera me lleve al pánico. Dos huéspedes anteriores han huído por la noche, uno un jugador de fútbol, el otro, un escéptico a morir que vino a burlarse. Luego, me dicen que no podré salir de la recámara sin activar las alarmas del castillo. ¿En qué me he metido?.
Parece ser muy común entre quienes no creen en ciertos conceptos anticientíficos, que otros que sí creen en ellos les digan que sean más “abiertos de mente”. Este consejo está típicamente basado en pensamientos muy equivocados, incluyendo un entendimiento erróneo de lo que es ser “abierto de mente”. De hecho, ser de “mente abierta” simplemente significa estar dispuesto a considerar ideas nuevas.
La ciencia promueve y se beneficia de la “apertura mental” porque el avance del entendimiento de la realidad en la cual existimos, depende de nuestra disposición a considerar nuevas ideas. De hecho el descubrimiento científico frecuentemente requiere nuevas maneras de pensar por completo. Sin embargo, el creer en ciertos conceptos no-científicos no automáticamente te hace de “mente abierta” sino que te puede llevar precisamente a ser completamente lo opuesto.
Un vecino un día vió una lámpara que se movía aparentemente por sí sola en mi sala y dijo que era un fantasma. Cuando le dije que no era, me dijo “tienes la evidencia frente a ti!” y me dijo que yo era de mente cerrada, terco y que no tenía curiosidad. Cuando terminó su berrinche, me agaché y apagué un pequeño calentador de aire justo debajo de la lámpara para que la corriente de aire caliente dejara de moverla. Fue en realidad mi vecino quien no tenía curiosidad en esta situación, el llegó a una conclusión inmediata y descartó todas las alternativas.
Hace dos días estaba yo caminando hacia mi trabajo con un compañero, cuando nos interrumpió una señora que estaba repartiendo unos panfletos. Mi amigo tomó uno, al yo ver que el título era “¿Tenemos un espíritu inmortal?”, le negué a la señora su panfleto pensando “no perderé mi tiempo en esto”. Mi amigo y yo llegamos a la oficina y ni siquiera él leyó el panfleto, pero lo dejó en el escritorio (que compartimos).
¿Quién diría que ese panfleto iba a servir de algo? Hoy estaba comiendo unas galletas y agarré el panfleto y leí la primera parte, me encontré con algo tan estúpido que decidí que sería una buena idea compartirlo con ustedes.
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